Mi Historia

Siendo aún adolescente, todavía con dos años por delante para terminar la secundaria, un día decidí que quería empezar a ganar mi propio dinero.

En mi casa no se compraba el periódico, entonces acudía diariamente a casa de mi padrino a leer los avisos clasificados, y fue uno de esos días que encontré un anuncio que llamó mi atención.

 

El lugar era relativamente cerca de mi casa. La dirección publicada me llevó a una pensión.

Era verano en mi ciudad natal en Salto, Uruguay.

Entre directamente al patio central y había una ronda de sillas, algunas personas ya estaban sentadas y otras llegarían unos minutos más tarde.

 

Durante tres días estuve yendo a capacitarme. Seguramente ponerme una camisa y un jean en verano llamó la atención de mi padre, que su oficio pudo más y lo hizo seguirme a ver dónde estaba yendo esos días, más adelante le conté, pero eso es parte de otra anécdota.

La capacitación constaba de una parte teórica y una práctica. Ensayábamos distintas situaciones, y siendo un poco extrovertido ya en esa época y gustandome la actuación, de verdad me pareció muy entretenido.

 

Aprendí muchas cosas en aquella capacitación, como dicen, la primera vez de algo, generalmente uno nunca se olvida. Pero lo más importante que aprendí fue lo que justamente no me enseñaron.

Al cuarto día, solo aquellos que nos había ido mejor en los ensayos, estábamos en un transporte camino a una zona más carenciadas de la ciudad.

Divididos en parejas, nuestro objetivo era vender enciclopedias puerta a puerta, con un discurso ensayado durante tres días.

 

Nos acercamos a una casa, donde el escenario era casi exacto a lo ensayado, estaba confiado como el jugador de fútbol que quiere patear un penal, pero fui caballero y le di la oportunidad a mi compañera.

Y fue como dice el dicho, soplar y hacer botellas. 

Pero hubo algo, que me hizo perder el encanto. 

Los ensayos no habían sido con personas reales, humildes, madres que sacaban dinero de algún lugar, probablemente destinado para otras cosas, para poder ofrecerles a sus hijos el futuro mejor que le habíamos vendido, pero que al mes siguiente, seguramente se lo íbamos a quitar por no tener el dinero para la segunda cuota. 

 

No intenté siquiera vender un solo libro.

Sabía que podía hacerlo, pero no sentía que lo que estábamos diciendo, podía ayudar al futuro de esos niños. Al final de cuentas todo estaba ensayado.

Y esa fue la mejor lección que me dejó mi primer trabajo. 

El camino que iba a seguir de ahí en adelante, debía estar regido, por la sinceridad, la confianza y la responsabilidad como valores fundamentales de relacionamiento con mis clientes.

 

Luego la vida me llevó por muchos lugares, muchas empresas, diferentes países, participé de pequeños y grandes proyectos, en todos siempre traté de ser innovador. Hay alguna historia de fracaso? Si la hay, y la mayoría de los casos han sido el combustible para el mayor otros éxitos extraordinarios.

Hoy mi foco está en dos empresas, delfasoft, dedicada al desarrollo de software web y smart devices, distribución de GeneXus y productos relacionados; delfasport dedicada a la gestión relacionada al deporte, ecommerce deportivo y competencias; y por último este proyecto personal de Consultoría y Capacitación de Emprendedores que podés encontrar material en nuestro canal de YouTube.

 

Así que si estás por ahí y querés tomarte un café, o a la distancia, querés discutir o comentar alguna idea en la que te pueda ayudar, sabés que podés contar conmigo siempre.

 

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